De visita en la ciudad nazarí

Amanece en Granada, y el sol comienza a dar su luz al recinto de una de las maravillas arquitectónicas e históricas que hay, no sólo en España,sino en el mundo.

 

 

Ahí se encuentra el símbolo principal de la cultura árabe española, de la estirpe nazarí. Es el mejor momento, tradiciones a parte, de atravesar la Puerta de la Justicia y penetrar en interior de la joya, en el interior de la Alhambra.

Conocida como la “fortaleza roja”, este edificio hecho para defensa y disfrute de los diferentes soberanos nazaríes, también llamado así según una vieja tradición que apunta a que fue construida durante la noche a la luz de las antorchas, y que por ello se veía un resplandor rojizo, en sus muros, fue concebido por Alhamar y redecorado en sus interiores palaciegos por su hijo Mohammad II.

Pues bien, penetrando por la Puerta de la Justicia, el visitante se adentra por las primeras estancias palaciegas. Seis hay distribuidas por toda la construcción a las que hay que sumar dos torres más. Patio de los Arrayanes, Patio de los Leones,posiblemente el más famoso y fotografiado de la Alhambra por su fuente con los cuatro pilares felinos; la Sala de las Dos Hermanas, la Sala de los Abencerrajes; la Torre de las Damas…, el agua que fluye, y sobre todo los artesonados. Mirar los techos es imprescindible. Un poco más allá nos olvidamos de lo árabe, de los nazarí para adentrarnos en la zona cristiana, en la que mandó edificar Carlos V, su estancia, su palacio, su patio circular, magnífico para escuchar en él música por su acústica…

Todo es perfecto, incluso la parte externa, donde se encuentra la alcazaba, la zona defensiva, el castillo con sus diferentes torres, desde las cuales se puede obtener una vista maravillosa de Granada y de su barrio del Albaicín, porque la población andalusí no es sólo la Alhambra, sino todo lo demás en un bloque único.

Pero…antes de bajar hacia la ciudad, es conveniente refrescarse visitando los cercanos jardines de El Generalife. Concebidos como zonas de descanso para los reyes granadinos, con casas rurales, pero sobre todo con agua y flores por doquier, con el silencio tan sólo quebrado por los chorros de un agua limpia que ofrece unos arcos de gotas constantes.

Y desde allí, bajando por los jardines que se ofrecen al pie de la Alhambra, y por una cuesta bastante pronunciada, se puede llegar hacia la ciudad. Hacia la Plaza Nueva. Un poco más allá la Plaza de Isabel la Católica, donde se encuentra la reina cristiana y Cristóbal Colón. Es el momento de callejear, entrar en la zona donde antiguamente estaba el zoco, ese conjunto de tiendas en las que se ofrecía un poco de todo, la Plaza de Bib Rambla, y antes, unos metros más atrás, la catedral, una joya que conocer y visitar con detenimiento, en ella, entre otras maravillas, se pude y debe visitarse la Capilla Real, el mausoleo de los Reyes Católicos.

Un alto en el camino para descasar la vista de tanta magnificencia como se ha degustado, y también reposar los pies por un rato. Tomar un café o una bebida fresca, y continuar la visita de la ciudad. Hay mucho que ver. Mucho que contar. Ir a la zona nueva a la plaza del Ayuntamiento. Callejear por detrás del consistorio donde se pueden encontrar montón de tabernas, en las que se pueden degustar las clásicas tapas granadinas y andaluzas, porque si el norte de España tiene fama del tapeo, Granada no le va a la zaga.

Y después de reponer fuerzas, otro paseo. Cuesta para arriba, dejando a la derecha la Alhambra. Subir por la Cuesta del Darro, de ese río que aparece y desaparece a su antojo. Se está llegando al Albaicín, a ese barrio popular de Granada, al más popular. Es el germen de la Granada actual, el barrio árabe por excelencia donde callejear es obligatorio. Hay varios miradores, como el de San Nicolás, desde el que se tiene una vista magnífica de la Alhambra. Y de la Sierra Nevada al fondo que apunta con sus picos hacia el cielo.

Pero Granada es mucho más, son las cuevas de Sacromonte; los palacios, museos y monasterios y conventos; las esculturas en homenaje a Ganivet o María Pineda…Todo es belleza e historia, cada rincón, cada casa, cada…
Y como de historia hablamos, no se pueden cerrar estas breves palabras de tal lugar sin recordar dos frases famosas que resumen su belleza y una leyenda.

 

Dicen que en la construcción de la Alhambra colaboraron unos genios que al ser tomada por los cristianos el 4 de enero de 1492, abandonaron apresuradamente la población, pero siempre con la esperanza de regresar algún día. Y se dice que así lo hacen todos los años acabados en 92 con la idea de ver si al final pueden regresar. Un humo denso se puede ver al amanecer llegando hasta la Torre del Homenaje de la Alcabaza y penetrar en los salones. Horas después se puede observar el mismo humo formando imágenes de lágrimas abandonando el recinto. Y en cuanto a frases célebres, hay dos que no pueden dejar a nadie indiferente.

La tan famosa pronunciada por la madre de Boabdil el Chico, el último rey nazari, cuando le espetó al abandonar la ciudad y verle llorando de pena, aquello de “Llora como mujer, lo que no has sabido defender como hombre”.

Y la otra, de muchos siglo más tarde, la del poeta mexicano Icaza cuando viendo a un ciego pedir limosna a la entrada de la Alhambra, le dijo a su mujer aquello de “Dale limosna mujer, que no hay en la vida nada, como la pena de ser ciego en Granada”.

Llega el atardecer, y desde cualquiera de los miradores del Albaicín, al otro lado del Darro, la luz solar ilumina por última vez ese día la Alhambra con su destellante color rojizo refulgente a la vista. Pero…hay que esperar, que cuando las luces de la noche la iluminan también es un espectáculo que apreciar, es, llana y simplemente…

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Felipe Alonso

Autor: Felipe Alonso

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