¿Se conduce mejor a los 65 años que a los 25?

¿Se conduce mejor a los 65 años que a los 25?

 

Las estadísticas dicen que sí, pero la edad pasa factura, pero aquí les ofrecemos unos consejos para que los mayores realicen una conducción más segura.

 

Entramos ya de lleno en la desescalada. A partir del 21 de junio, el tráfico por nuestras carreteras será de libre circulación. Muchas familias quieren reencontrarse y para gran cantidad de personas mayores es inevitable tener que coger el coche para verse o desplazarse por tener a la familia en otras Comunidades. También para acudir a muchos centros comerciales que vuelven a abrir, cines, teatros… pero, ¿se conduce mejor a los 65 años que a los 25? Los conductores mayores suelen creer que conducen mejor que muchos jóvenes. No les falta razón. De hecho,       hay estudios que manejan cifras que los menores de 25 años tienen una tasa de siniestralidad del 25% (que se eleva al 29% entre 18 y 21 años), mientras que entre los conductores de 65 a 75 años el porcentaje de accidentes está en el 11%, porcentaje que sube a partir de los 75 años.

Cumplir años no solo conlleva canas y arrugas, sino otros efectos generales del envejecimiento que influyen en la conducción, como rigidez en los músculos y las articulaciones, lo que puede dificultar girar la cabeza lo suficiente para controlar los ángulos muertos; reflejos más lentos, reducción del ángulo de visión, dificultades para ver de noche y mayor peligro ante deslumbramientos, problemas de audición. Dificultad para dividir la atención entre tareas como, por ejemplo, mirar el cuadro del vehículo o el navegador y atender a la vez a la carretera; problemas para conducir por zonas desconocida. Tardanza en leer rápidamente los carteles y cumplir con las señales; problemas a la hora de conducir en situaciones meteorológicas adversas como pudiera ser en casos de lluvia, niebla o nieve… Eso sin contar con que a ciertas edades es habitual tomar medicamentos que afectan a la conducción.

 

Consejos para nuestros mayores:

Evitar conducir en circunstancias meteorológicas adversas, como la lluvia.
No viajar de noche y evitar vías poco iluminadas.
Programar las salidas y llegadas en días y horas de menor tráfico.
Prestar atención a los síntomas de fatiga, hacer paradas frecuentes y dividir los trayectos largos.
Huir de conductores con comportamientos peligrosos, agresivos o que circulen muy cerca; desviarse y parar si es necesario.
No beber nada de alcohol, ni siquiera un poco, cuando se va a conducir.
Consultar con el médico si la medicación que se toma puede dificultar la conducción.
Cuidar la forma física, hacer ejercicio y seguir una dieta saludable tratando de mantener un peso adecuado.
Realizar ejercicios de entrenamiento cerebral como sudokus, crucigramas, juegos de ordenador, etc. para preservar las habilidades cognitivas, de inteligencia, velocidad de procesamiento, memoria, resolución de problemas…
Ejercitar la coordinación motora con trabajos manuales, construcciones…
Someterse a revisiones periódicas de salud generales y oftalmológicas.
Asumir y expresar los temores. Si uno no se siente seguro para emprender un viaje, decirlo, pedir ayuda, buscar alternativas. No preocuparse por el qué dirán.

 

El vehículo también cuenta

Si uno quiere seguir conduciendo, debería pensar en cambiar de coche y no en tirar con el de siempre pensando eso de «para lo que me queda…». Comprar un vehículo moderno es una inversión en seguridad. Es básico tener un coche manejable y con todas las estrellas de EuroNCAP, el indicador europeo de seguridad de nuevos automóviles. Si al final decidimos por la compra de un coche aquí os comentamos que ayudas  ala conducción debería llevar: asistencia de frenada, aviso de cambio de carril, cámara trasera, protección de los ocupantes, control electrónico de estabilidad, automatismos en luces y limpiaparabrisas, velocidad adaptativa, amplias ventanillas y retrovisores, etc.. No hay comparación entre un coche antiguo y uno actual. Es verdad que en un principio puede generar cierto estrés hacerse con las novedades, pero siempre se podrá pedir ayuda a alguien más joven y practicar en zonas no transitadas.

Y muy importante no basta con llevar siempre puesto el cinturón, sino que hay que regularlo a la altura necesaria y a las condiciones físicas de cada uno; que no pase por el cuello, que la banda inferior se ajuste por debajo de las crestas ilíacas, etc.…

 

Pero… ¿Hasta cuándo conducir?

Hay que poner el enfoque en los problemas de salud y no en la edad, y eso es lo que prima tanto en jóvenes como en mayores. Es el reconocimiento médico y no la partida de nacimiento lo que determina si una persona puede conducir o no; lo contrario sería discriminatorio. Pero además de las causas médicas, estos son algunos signos que las personas mayores deben tener en cuenta como señal para dejar de conducir con seguridad:

– Quien va en el asiento del copiloto está rígido, asustado, corrige errores de conducción o expresa claramente su temor.
– El propio conductor empieza a notar cierta inseguridad.
– Sufre con cierta frecuencia pequeños accidentes, rozaduras y choques.
– Otros conductores se quejan y le pitan.
– Tiene más despistes y equivocaciones en las rutas habituales.
– Los desplazamientos conocidos le llevan más tiempo del acostumbrado.
– Cree que hay más sobresaltos que antes, más gente que actúa mal a su alrededor, motoristas, ciclistas y peatones que «surgen de la nada».
– Los amigos y la familia expresan sus dudas para que siga conduciendo.

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Redacción Viajes

Autor: Redacción Viajes

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