Cruceros fluviales, un viaje diferente por autopistas acuosas.

El barco avanza pausadamente. Desde cualquiera de sus camarotes, o desde los salones de sus cubiertas se pueden observar las riberas del río, contemplando, aquí un pueblecito romántico, allí un castillo erigido sobre una colina, o bien observando un simple campo de cultivo o de árboles centenarios.

 

 

Se está a bordo de unos de los buques que se mueven por los principales ríos navegables de Europa, en especial por los dos más famosos y soñados, el Rin y el Danubio. Una propuesta de viaje diferente que cada vez va ganando más adeptos, aunque aún está muy lejos de ser considerado como una amplia propuesta de ocio vacacional.
Desde CroisEurope lo saben y por eso año tras año van diseñando nuevos itinerarios, ofreciendo en cada tiempo y lugar una posibilidad de llevar a cabo un viaje especial, con una serie de posibilidades, culturales, artísticas, gastronómicas, turísticas…, enriquecedoras para sus viajeros, porque, tal y como apunta Tomás González, Director General de la compañía para España y Latinoamérica, “para nosotros el barco no es el destino, sino el fin del crucero, el lugar al que vamos y lo que recorremos”.Ahora bien, destaca el Director General, “eso no quiere decir que los barcos no estén diseñados y equipados con todas las comodidades y tecnologías existentes al servicio del crucerista. Y además, en nuestro casos somos, además, diseñadores de nuestras propias naves”.

La principal compañía mundial de cruceros fluviales permite, no sólo navegar por esos grandes ríos descubriendo lugares insospechados que son imposibles de conocer de otra forma, o de observarlos de manera distinta a la tradicional que se puede lograr por carretera. Flotar cuatro, cinco días o una semana, o incluso más tiempo, sobre los ríos, y desplazarse hasta Amsterdam, Viena, Budapest, Bratislava, Estrasburgo…, atracando en el centro de las ciudades, en esos antiguos puertos reconvertidos hoy en día, para, además, servir no sólo de puntos de transporte de gabarras cargadas de materiales y minerales, a la llegada de cruceristas, de viajeros ávidos de visitar tal o cual población, y poder hacerlo con comodidad y seguridad.

 

NO SON EL HERMANO PEQUEÑO DE LOS CRUCEROS MARITIMOS

No tenemos nada que ver los unos con los otros, afirma Tomás González, para quien esta comparativa es “absurda”, porque “cada uno tiene sus propias peculiaridades y más diferencias que semejanzas”. Por ejemplo, el simple tamaño de los barcos. Los fluviales suelen tener unas 77/88 cabinas, transportando en el entorno de los 150 /170pasajeros, mientras que los marítimos transportan más de 3.000 pasajeros.

Ofrecemos una forma diferente de disfrutar de una navegación por un río, llámese Rin o Danubio, o incluso por el Guadalquivir, que va a permitir descubrir como se forjaron muchas culturas en sus orillas. Y hay algo muy importante que a juicio de González define perfectamente las diferencias y potencia el carácter del crucero fluvial:“llegamos al centro de las ciudades, no a puertos apartados donde hay que coger algún vehículo para llegar a la población, o, a veces, una lancha que permita la conexión del barco con la tierra”. Esa es una diferencia que se debe tener en cuenta “cuando se nos quiere comparar con los cruceros marítimos”.

 

 

Otro atractivo es que en su precio está el “todo incluido”, y que además, no hay camarotes interiores, que todos son exteriores, aunque naturalmente con diferentes categorías, permitiendo disfrutar del paisaje a lo largo del viaje, con una selecta gastronomía y un cuidado servicio, tanto a bordo, como en tierra.

UN CRUCERO PARA CADA ÉPOCA DEL AÑO

Desde luego los ríos europeos son los reyes en el mundillo de los cruceros fluviales, pero no hay que olvidarse de que también se puede hacer un recorrido por Africa Austral, Vietnam, Camboya, Birmania, China, Chile, Rusia…O incluso aprovechar uno de estos barcos como hotel, atracado en uno de los puertos y sin navegación.
La realidad es que cualquier momento es ideal para hacer uno de estos cruceros, pues las poblaciones por las que discurre ofrecen siempre posibilidades, aunque hay un compás de espera en los meses invernales por el propio carácter climatológico de los ríos. No obstante, no hay que esperar hasta el verano para hacer un recorrido. Por ejemplo, en estos días navideños, se puede llegar desde Amsterdam a Estrasburgo y imbuirse en los mercadillos navideños de estas poblaciones y de las de su entorno.
Y quizás por ello, el perfil del crucerista fluvial es variado y diverso.

Desde luego los ríos europeos son los reyes en el mundillo de los cruceros fluviales, pero no hay que olvidarse de que también se puede hacer un itinerario por Africa Austral, Vietnam, Camboya, Birmania, China, Chile, Rusia…O incluso aprovechar uno de estos barcos como hotel, atracado en uno de los puertos y sin navegación.
No hay un perfil definido del crucerista fluvial, y “hay que quitarse la idea de la cabeza de que se han diseñado únicamente para gente mayor”, indica Tomás González, quien añade que en los barcos de CroisiEurope, “no hay un perfil definido. Depende de la época del año. Tenemos todo tipo de pasajeros, desde el viaje de novios, un crucero en pareja, familiar, de un grupo de gente joven, de incentivos….
Esta compañía movió durante la última temporada unos 250.000 pasajeros, y se espera que para la actual se incremente en entre un 6 y un 10 por ciento. Y en cuanto al mercado español, según las cifras que maneja la compañía es “el más joven, pero el tercero en fuerza”, y supone el 5 por ciento del total. Pero, “aún está lejos de la tradición de los franceses, belgas, ingleses o alemanes”. Hay que tener en cuenta que CroisiEurope está en 44 mercados.

 

 

Un viaje “muy español” es el que se ha diseñado con un barco especial para poder ofrecer un itinerario que saliendo desde Sevilla por el Guadalquivir, alga al mar, se acerque a Cádiz, y llegue al Puerto de Santa María. Todo ello a bordo del MS LA Belle de Cadix, un buque de cinco anclas de categoría y 3 puentes, preparado para poder navegar por el río y a tres millas naúticas de la costa por mar. Cuenta con capacidad para 176 pasajeros distribuidos en 88 cabinas. Su eslora es de 110 metros y su manga de 11,40 metros. Posee doble casco y doble puesto de mando.
Navegar por un río, ya sea en Europa o en cualquier otra parte del mundo, es una forma diferente, distinta, de disfrutar, no sólo del viaje en sí, sino también de los destinos, de su arte, de su cultura, de su gastronomía, y de poder admirar la historia labrada junto a esos grandes ríos.

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Felipe Alonso

Autor: Felipe Alonso

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