Al norte de Formentera, la costa se vuelve pedregosa y silenciosa. Es Carnatge, entre leyendas de naufragios y aguas transparentes, sigue siendo uno de los rincones más auténticos y menos frecuentados de la isla balear.
En la Tramuntana central de Formentera, lejos de los acantilados del este y oeste de la isla mallorquina, se extiende un litoral distinto, sin arena, pedregoso y muy expuesto al mar, donde bañarse exige buen calzado y algo de paciencia. El nombre Carnatge viene de “carnario”, lugar de cadáveres. Se trata de una leyenda de naufragios provocados con hogueras antes de la existencia de los faros, cuando los barcos encallados eran el único botín para una isla que vivía entre saqueos y malas cosechas.
Desde Es Caló de Sant Agustí parte un camino tranquilo, entre huertos y casas de piedra, que lleva hasta Es Arenals, una de las playas más concurridas de la isla. Pero quien busca lo contrario, es decir, silencio, espacio y ninguna sombrilla a la vista, lo encuentra en la propia Costa des Carnatge o Platja de Tramuntana con dos kilómetros de calas y rocas sin cartel ni servicios, perfectas para el nudismo o para nadar en aguas transparentes.
Sin señalización que la delate, sigue siendo uno de esos lugares que sólo se descubren por casualidad… y a los que luego se vuelve a propósito.





