Soria: Laguna Negra, Tierra de leyendas y poetas

Al pie del  Pico de Urbión (2.229 metros) y al norte de la provincia de Soria, se encuentra una laguna de origen glacial, conocida popularmente como la Laguna Negra, que permanece unida a esta tierra a través de sus tradiciones, de sus leyendas, y de los cantos y reconocimientos que ha recibido de todos aquellos poetas y literatos que hasta sus aguas se han aproximado, sin olvidar, además, que arriba, cerca de esos 2.229 metros nace uno de los principales ríos de la Península Ibérica, el majestuoso Duero.

 

 

            Relataba Antonio Machado una leyenda, la de Alvargonzález, donde destacaba que un rico personaje de la comarca tenía tres hijos, que uno se marchó de la casa familiar, mientras que los otros dos permanecieron junto a su padre. Pero, impacientes, y ansiando obtener su herencia, decidieron asesinar al padre mientras dormía, y arrojaron el cuerpo a la Laguna Negra. Un buhonero fue acusado del crimen y condenado a morir en el garrote. Las tierras de Alvargonzález dejaron de producir, se mostraron marchitas, casi muertas y los remordimientos comenzaron a acosar a los hermanos. Poco tiempo después, el que se había marchado regresó y les compró las tierras, y los campos volvieron a tener vida. Recogiendo el dinero, los dos hermanos culpables decidieron probar fortuna en otro lugar y partieron hacia el puerto de Santa Inés, próximo a la Laguna Negra. La noche, el remordimiento, un castigo divino…., sea considerado lo que se prefiera, el hecho es que ambos se despeñaron cayendo en las aguas, ahogándose en el mismo fondo donde había quedado el cadáver de su padre.

           

            Llegaron los asesinos
hasta la Laguna Negra,
agua transparente y muda
que enorme muro de piedra,
donde los buitres anidan
y el eco duerme, rodea;
agua clara donde beben
las águilas de la sierra,
donde el jabalí del monte
y el ciervo y el corzo abrevan;
agua pura y silenciosa
que copia cosas eternas;
agua impasible que guarda
en su seno las estrellas…”

 

 

            Pero es más, incluso se apunta a la existencia de una  ondina que habita en el fondo profundo de la laguna y que es capaz de salir a peinarse a la luz de la Luna y matar a todo aquel que la ve llevándoselo con ella bajo las aguas.
            El ínclito Pio Baroja se hace eco de esa tradición en su obra el Mayorazgo de Labraz  (1.903), donde dice que

 

“- No paséis junto a esa Laguna Negra.
– ¿Por qué no?
– Podíais finar allá.
– Pero ¿por qué?
– Porque es una laguna donde hay una mujer que vive en el fondo y mata al que se acerca. Todo el que mira en esa agua muere.

 

            No obstante, esa profundidad supuesta, no es tal, pues la realidad es que las mediciones que se han realizado indica que el fondo se encuentra a 8 ó 10 metros de la superficie como mucho.

            Otro literato importante que ha reflejado la intensidad de estas tierras es Gerardo Diego, quien al aproximarse a las proximidades de esta zona serrana no pudo sino exclamar.

 

             “Pero algo, Urbión, no duerme en tu nevero,
que, entre pañales de tu virgen nieve,
sin cesar nace y llora el niño Duero”

 

            Enmarcada en la comarca de Pinares, y rodeada de bosques profundos, el camino que atraviesa el espacio natural en el que se encuentra situada esta laguna, va aportando luces y sombras en función de lo tupido de la vegetación que acompaña un sendero empedrado que discurre junto al  río Revinuesa, o para aquellos más audaces que han llegado al nacimiento del Duero moviéndose entre las rocas, marchando junto a esas aguas cuando aun es un “aprendiz” de río.

 

 

            A la Laguna Negra se puede llegar desde Soria a través de tres caminos diferentes. Por Bidones y Vinuesa, llegando hasta Santa Inés,  y luego, tras dejar el automóvil en una zona destinada a ello, subir, o bien andando dos kilómetros, cuesta arriba, o en un autobús que hace ese mismo recorrido cada media hora.

            También se puede ir desde Salduero,  Covaleda y Duruelo de la Sierra, bordeando la frontera provincial con la vecina Burgos; y sin automóvil, aprovechando los senderos marcados y haciendo un recorrido completo que da la vuelta a toda la reserva natural.

            Cada cual puede elegir su mejor opción, aunque parece que una fórmula mixta permite disfrutar sin agobios de las corrientes de agua, de los pinos albar, de los robles, abedules, álamos…, matorrales, helechos… Y en cuestión de la fauna, sentir, difícil de ver, corzos, jabalíes, ciervos e incluso zorros y reptiles. Se suele avisar de que se tenga cuidado en las zonas rocosas con las víboras, pues aprovechan sus oquedades para sestear. Y allí, arriba, en la Laguna Negra, truchas y barbos, se mueven a sus anchas, en un paraje acuoso donde está prohibido el baño.

 

           

             La excursión, la visita, se puede dar por terminada en las proximidades de Vinuesa, donde hay una estructura de alojamiento rural que puede acoger por unas horas, o por unos días a los caminantes que han emulado a aquellos poetas y escritores que han ido contando a todos sus experiencias e impresiones de la Sierra de Urbión y de su principal joya, La Laguna Negra. Y si se es amante de las setas y se está en la temporada de recogida de este manjar micológico, allí se puede degustar un sinfín de platillos que tienen como protagonista a alguna de las más de las 150 especies que crecen en los bosques sorianos.

            Y si aún hay más tiempo para caminar y visitar. Al regreso se puede coger un desvío bordeando el Embalse de la Cuerda del Pozo y tras atravesar la población de Abejar, alcanzar la medieval Calatañazor, donde la leyenda cuenta que el famoso general árabe Almanzor fue derrotado (perdió su tambor dice en refranero castellano). Pero eso es otra historia, una futura historia cuando Soria regrese a estas páginas.

 

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Felipe Alonso

Autor: Felipe Alonso

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