Ávila, un paseo por la “Jerusalén castellana”

No hace falta llegar hasta Ávila para apreciar la magnífica silueta de su recinto amurallado. Desde lejos se distingue el perfecto cuadrado de piedras medievales que encierran a esta ciudad que presume de ser la mejor amurallada del mundo y la capital más alta de España, pero sobre todo, de ser la cuna de Santa Teresa, algo así como la capital religiosa española. Sus recias e intactas murallas con la vigía permanente de sus noventa torres, la preeminencia de sus iglesias y sus monasterios que la pregonan ciudad sacra, sus calles ascendentes y quebradas, el halo religioso de su historia y sus campanarios apuntando al cielo le dieron el merecido título de la “Jerusalén castellana”.

Murallas

Murallas

A pesar de su proximidad a Madrid, Ávila ha conservado su aire provinciano y el encanto de las distancias cortas que permiten olvidarnos del coche dentro de la ciudad. Así, a pie, es como hay que entrar por sus puertas medievales, en particular por la más monumental de todas ellas, la de San Vicente, enmarcada por dos torreones y precedida por la mejor iglesia románica de Ávila, San Vicente, cargada de leyendas y tan bella en su exterior como en su interior.

San Vicente

San Vicente

Las murallas de Ávila encierran un conjunto armónico de calles que parecen haber dormido durante unos cuantos siglos para despertarse de repente hace algunas décadas. Así puede ofrecer al visitante, casi intactos, un buen conjunto de monumentos: la catedral típicamente castellana, casonas y palacios de gran prestancia, iglesias románicas, conventos que evocan a los grandes místicos del Siglo de Oro, sobre todo a Santa Teresa, y algunas plazas y plazuelas que centran desde hace siglos la vida social y comercial de la ciudad. El paseo por la ciudad está siempre cargado de referencias monumentales pero también de breves pausas para tapear, de ojeadas a tiendas tradicionales y de inevitables recuerdos de la Santa de Ávila.

Santa Teresa

Santa Teresa

El ámbito de los templos románicos y góticos abulenses, las fachadas pétreas de las casas señoriales y las celosías de sus conventos hacen de Ávila lugar preferente para adentrarse en la contemplación renovadora de hechos lejanos y de actualidad perenne. Sus muchos otros méritos, además, la han hecho merecedora de ser Patrimonio de la Humanidad.

Palacio de los Davila

Palacio de los Davila

Las fachadas de sus palacios medievales, góticos y renacentistas (la Casa de los Verdugo, los Polentinos, los Aguila, los Guzmanes, los Dávila o el antiguo palacio de Benavides, entre otros) sirven de preámbulo a sus plazas más típicas, como la del Mercado, también conocida como la del Chico, presidida por el Ayuntamiento y  por la iglesia de San Juan, donde fue bautizada Santa Teresa. O como la plaza del Rastro, junto a la Muralla o la de la Santa, donde se levanta el convento de las Carmelitas Descalzas sobre la casa donde nació y creció Santa Teresa de Avila.

Convento de Santa Teresa

Convento de Santa Teresa

Desde Motor y Viajes recomendamos salir extramuros por la Puerta de Santa Teresa y rodear la muralla por un agradable paseo hasta llegar a otra de las plazas más significativas de Ávila, la conocida como Escapadas, fuera de la muralla, centro de la animación comercial y del tradicional tapeo avulense que suele iniciarse en el bar El Grande, con una ración de sus suculentas y famosas patatas picantes.

Plaza Grande

Plaza Grande

Pero la plaza por excelencia para los turistas es la Plaza de la Catedral, tal vez el rincón mejor conservado de Ávila, presidido por el Palacio del Rey Niño –donde pasó su infancia Alfonso XI–, la casa de los Velada con su torreón enrejado, y el Palacio gótico de los Valderrábanos, ambos convertidos en confortables hoteles. La catedral gótica se eleva hacia el límpido cielo castellano con un aire sobrio y fortificado, como corresponde a esta ciudad de caballeros y místicos.

Plaza de la Catedral

Plaza de la Catedral

La despedida más típica de Avila es el paseo por las orillas del Adaja y la obligada subida a los Cuatro Postes para conseguir la fotografía típica de la ciudad. Como obligada parece también la visita al Convento de la Encarnación, a las afueras, donde tomó hábitos la Santa y donde vivió durante 30 años. Es el colofón más adecuado a la visita a la gran capital mística de Castilla.

Los Cuatro Postes

Los Cuatro Postes

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Autor: Redacción

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