Mercedes tiene sin duda una tradición muy conservadora dentro de la industria del automóvil. No hablamos de tecnología ni de seguridad, campos en los que supera a cualquier marca. Estamos hablando del diseño, que tradicionalmente ha ido dirigido a la población con mayor edad, más que a un conductor joven.
Sin embargo, no hay que quitarle mérito. Por ejemplo, la nueva clase A esta conmocionando los cimientos de la marca, por la curiosidad que despierta entre la juventud. Además está “inventando” nuevos estilos. El brillante CLS fue un claro ejemplo, que ha sido copiado por el resto de fabricantes, ya que BMW, Audi y más lejos VW, tienen modelos de parecido diseño, que podríamos definir como coupés de 4 puertas.
Ahora le da otra vuelta de tuerca, y se inventa, a partir de un coupé, un vehículo familiar, pero con una zaga muy peculiar. Es diferente hasta en el nombre. El nuevo Mercedes Shooting Brake es una evolución del CLS, y como tal hereda buena parte de su personalidad tecnológica. De hecho se ofrece como si fuera una versión familiar del brillante coupé.
Mide 4.956 mm de longitud, con 1.881 mm de anchura y 1.416 mm de altura. Tiene un maletero de 590 litros en su configuración básica o 1.550 si abatimos la banqueta posterior. A nivel de bastidor, lleva suspensión neumática para el eje posterior y la gama de propulsores comienza en el CLS 250 CDI que proporciona 204 CV. Le sigue el CLS 350 CDI con 265 CV y el CLS 350 de gasolina con 306 CV. Por encima se sitúa el CLS 500, con un motor v8 biturbo que proporciona 408 CV. Sin embargo, si la añadimos la terminación AMG, la potencia sube hasta los 525 CV, con 700 Nm de par y un cambio deportivo de 7 relaciones. El exclusivo Edition 1, una versión especial del CLS 63 AMG mejora estas cifras para situarlas en 557 CV. Los precios van desde los 67.750 euros del 250 CDI, hasta los 137.500 del 63 AMG




