Adiós a las palomitas en el cine, ahora se lleva disfrutar de la gastronomía

El cine y la gastronomía se dan la mano en París a través de diversas iniciativas que permiten disfrutar del séptimo arte con una oferta de restauración que deja atrás las clásicas palomitas. Desde salas privadas en las que degustar un completo menú elaborado por un restaurante mientras se proyecta una película, hasta camiones que ofrecen delante del cine una amplia oferta de comida callejera de todo el mundo, las posibilidades se adaptan a todos los bolsillos. Por ejemplo, Popcorn project, organiza veladas en las que se proyecta un gran clásico del cine y, a continuación, se sirve una cena tipo cóctel animada por un DJ. Las sesiones se organizan un domingo al mes en el cine Club l’Étoile, con un precio de 30 euros, y en cada ocasión un restaurante diferente se encarga del cóctel con el requisito de que sea comida fácil de tomar. Hasta ahora, los menús han permitido dar una vuelta al mundo a través de la gastronomía: embutidos españoles, perritos calientes, comida china, “crêpes” y “kebabs” han sido algunas de las propuestas ofrecidas.

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Los espectadores que acuden a estas sesiones son, principalmente, jóvenes de entre 25 y 35 años, generalmente profesionales aunque hay algunos estudiantes, y con una mayoría de mujeres. La mayor parte del público no son cinéfilos empedernidos sino simples aficionados con curiosidad y ganas de aprender, además de pasar un buen domingo.

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Otra propuesta para disfrutar del maridaje entre cine y gastronomía son las salas del centro de arte contemporáneo Palacio de Tokio, gestionadas por MK2, y que, equipadas con sofás de terciopelo rojo con reposapiés y bandejas para comer, se alquilan para organizar proyecciones privadas. En estas sesiones, que acogen entre 20 y 60 espectadores, la oferta gastronómica se adapta a las necesidades de los clientes, aunque siempre enfocada a comida que se pueda tomar con los dedos. El precio de la cena con película es de 100 euros por persona y para reservar la sala hay que llegar, como mínimo, a los 1.000 euros. Más asequible resulta la posibilidad de unir la película en la gran pantalla con la comida que se vende en el conocido Camión que humea, delante de la sala MK2 Bibliothèque, que ofrece comida callejera como hamburguesas.

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Autor: Redacción

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