Estepa, tierra de polvorones y… bandoleros

A partir del verano, la localidad sevillana de Estepa comienza a oler a azúcar, canela, ajonjolí, almendra, manteca y harina, todo ello horneado. Comienzan a fabricarse los dulces de Navidad que ya están invadiendo los hogares andaluces, y en realidad de toda España. Son los famosos mantecados y polvorones de Estepa, una tradición artesana que se remonta a tiempos árabes y que ha conseguido un nivel industrial importante. Estepa, uno de los llamados Santos Lugares de la ruta de los bandoleros de la Campiña Sevillana, es ahora sobre todo conocida como la patria del polvorón. Un título desde luego mucho más dulce que el de patria de algunos de los bandoleros más famosos del siglo pasado, como Pablo de Rina, “el Pernales”, de “el Vivillo” y de Juan Caballero.

Escapadas-Estepa-Mantecados

En estas tierras entre la campiña y la serranía, dominadas por Estepa, Osuna y Écija, siempre hubo bandoleros. El primero del que se tienen noticias fue un salteador de “calzadas romanas”, un tal Coracotta, natural de Estepa que fue indultado por el mismo César cuando éste comprendió que no podría jamás darle caza. Desde entonces y hasta hace bien poco no ha dejado de haber bandoleros en la zona.

El Perales y el Niño

El Perales y el Niño

Estepa, situada al final de la llanura y el comienzo de la serranía, fue la cuna de “el Pernales”, de “el Vivillo” y de Juan Caballero, el más famoso y celebrado por las coplas, que fue amnistiado y pasó sus últimos días como un respetable caballero de esta localidad. Estepa es hoy un pueblo de casas blancas, tranquilo y agradable. De la época de los bandoleros mantiene la torrecita de la calle Amargura donde vivió un hombre que se dedicaba a guardar el dinero a los bandoleros. También se conservan las cuevas de las afueras del pueblo donde se refugiaban los perseguidos y la mismísima casa de Juan Caballero, que conserva sus iniciales en la puerta. El recuerdo más sorprendente es el del camarín de la Virgen de los Bandoleros, en la iglesia del Dulce Nombre, al que acudían muchos bandidos a implorar ayuda a su patrona. La imagen lleva aún joyas muy valiosas “donadas” por sus devotos bandidos, como los anillos regalados por El Vivillo y por Juan Caballero que adornan sus manos.

El Vivillo

El Vivillo

Pero mucho antes de estas andanzas de bandidos, Estepa fue una ciudad importante: la Astapa ibérica opuso una dura resistencia a los romanos, y por ello fue destruida en el año 208 a.c. Fue refundada como Ostippo, pasó por la dominación árabe y fue reconquistada en 1240 por la Orden de Santiago. De su historia guarda murallas del siglo XIV con torres intercaladas, una descomunal que fue transformado en palacio en el siglo XVI, época en la que comenzó a crecer por la falda del cerro en empinadas calles y callejas de escalinatas que bajan hacia el Salón, la plaza principal, con el Ayuntamiento y la espectacular iglesia barroca del Carmen.

Torre del Homenaje

Torre del Homenaje

En Estepa, es obligada la compra de mantecados y polvorones, pero también la visita al Museo del Mantecado, abierto en el Camino de las Piedras, por una de las fábricas del barrio, al pie de la antigua carretera general. Allí se pueden contemplar los métodos artesanales de elaboración de estos dulces, su historia y, por supuesto, degustarlos para irnos con el mejor sabor de boca.

Museo del Mantecado

Museo del Mantecado

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Autor: Redacción

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